25/4/12

DE PONIENTE, NI VIENTO NI GENTE

Recreación de la batalla de Almansa.
Hay un dicho valenciano muy antiguo que dice: “De ponent, ni vent ni gent” (“de poniente, ni viento ni gente). En concreto, este dicho tiene su origen en un acontecimiento que ocurrió hace hoy 305 años en la localidad albaceteña de Almansa. El 25 de abril de 1707 se enfrentaron en el campo dominado por el impresionante castillo dos ejércitos igual de grandiosos. En juego estaba el nombre del nuevo rey de España. Y algo más importante. Ese día se enfrentaron dos planes, dos maneras de entender el gobierno de España.

Hace hoy 305 años Europa estaba en guerra. En realidad lo estaba el mundo entero. Esta vez la lucha era para decidir quién iba a ser el rey de España. Carlos II, llamado ‘el hechizado’ murió en 1700 sin dejar descendencia. Este hombre, hijo de Felipe IV y claramente víctima de la endogamia en las casas reales donde era habitual que se casaran entre primos y demás familiares, fue sometido a diferentes rituales religiosos porque su estado físico y mental no parecía digno de un rey. Debía estar poseído por el diablo. Pero por muchos exorcismos y demás rituales desagradables a los que fue sometido, Carlos II murió sin dejar un heredero directo. Era la puntilla para un imperio español en plena decadencia.

Carlos II, el 'hechizado'.
Aunque Carlos II no tuvo hijos sí tenía familia repartida por Europa. Uno de ellos era Felipe, nieto del todopoderoso ‘rey sol’ francés Luis XIV (“el estado soy yo”). Era nieto-sobrino del rey español que, a pesar de todo, jugó una baza muy inteligente antes de morir. Luis XIV y sus aliados ya se estaban repartiendo el moribundo imperio español, pero la designación de Felipe paró este desmembramiento. Luis XIV tenía ahora interés en que su nieto heredara el imperio entero.

Eso supondría el fin de la casa de Habsburgo en España y su sustitución por los Borbones. Se crearía así un super-reino entre España y Francia que dominaría Europa. Cundió el miedo entre las demás potencias europeas, sobre todo en Gran Bretaña y Austria, que rápidamente no reconocieron a Felipe como rey de España y trataron de sentar en el trono a Carlos, el Archiduque de Austria. Era la guerra. Un conflicto que duraría 14 años y dejaría a Europa desolada.

Felipe V.
Felipe llegó a España donde fue coronado con el nombre de Felipe V. Tenía el apoyo, sobre todo, en la Corona de Castilla, la parte más grande y poblada de la Monarquía Hispánica. Carlos, por su parte, desembarcó en Barcelona donde fue proclamado rey como Carlos III. A él le apoyaban en la Corona de Aragón, a la que pertenecían el Reino de Valencia y Cataluña.

España, una amalgama de reinos
A principios del S. XVIII España no existía como Estado unitario. Era una amalgama de reinos autónomos con sus propias leyes y lenguas que estaban unidos por un mismo rey. Había fronteras y aduanas entre ellos, aunque tampoco eran exactamente países extranjeros. Pero desde luego no eran un mismo Estado ni el rey podía actuar a su voluntad. Tenía que respetar las leyes y costumbres de cada reino, y éstas cambiaban bastante de un lugar a otro.

Desde la derrota de los comuneros en Villalar ante Carlos V en 1521, la Corona de Castilla era quizás de los reinos más cómodos para los reyes de turno, ya que allí eran menos estrictos con el monarca y le ponían menos trabas a la hora de recaudar impuestos y reclutar soldados para sus guerras. Por eso Castilla estaba agotada tras casi dos siglos aguantando el esfuerzo de mantener el imperio. Cuando a mediados del S. XVII el conde-duque de Olivares –el valido del padre de Carlos II, el rey Felipe IV-  trató de incluir a Cataluña en el esfuerzo, los catalanes respondieron con una sublevación en toda regla que provocó una guerra.

El archiduque Carlos de Austria.
Ahora Felipe V se encontraba a gusto en Castilla, donde le querían, y Carlos III lo estaba en la Corona de Aragón. Pero ambos reivindicaban la posesión de todo. La guerra al principio fue favorable para el austríaco. Los británicos conquistaron Gibraltar y el propio Carlos llegó a entrar en Madrid en 1706. Sin embargo, los madrileños en particular y los castellanos en general recibieron mal al pretendiente. Le veían como a un conquistador, no como a su rey legítimo. Por eso, y porque se fraguaba una revuelta, Carlos terminó retirándose de Madrid en dirección a Valencia, tierra que le era fiel.

Los Borbones le persiguieron y alcanzaron su ejército en Almansa. El 25 de abril de 1707 los soldados de Felipe V derrotaron a los de Carlos e invadieron el Reino de Valencia. La resistencia fue atroz, pero los Borbones conquistaron la tierra levantina. Almansa fue algo más que una victoria militar. Fue el final de un modo de vida valenciano.

La Nueva Planta
Ese mismo año de 1707, el 29 de junio, Felipe V promulgó los primeros Decretos de Nueva Planta, los que afectaban a Aragón y Valencia. Estos decretos se fundamentaban en el derecho de conquista y derogaban los fueros y las leyes de estos reinos e imponían los de Castilla. Además, el castellano sería la lengua administrativa oficial. En definitiva, Felipe V trató a los valencianos y aragoneses no como sus súbditos, sino como tierra conquistada. Además, aspiraba a mandar como su abuelo Luis XIV y no tener que dar cuentas a nadie, excepto a Dios.
La Guerra de Sucesión en España.

Aunque Carlos todavía volvió a entrar en Madrid en 1710, fue definitivamente vencido en Brihuega, cerca de Guadalajara. Nunca más volvería a Castilla, y poco tiempo después abandonó a sus fieles súbditos en la Península para ser coronado emperador del Sacro Imperio. Solamente los catalanes resistieron por más años, ya que sabían  que les pasaría lo mismo que a los valencianos si perdían. Finalmente así fue y el Decreto de Nueva Planta que abolía los fueros y la autonomía catalana se promulgó en 1715.

El 25 de abril de 1707, hace hoy 305 años, la victoria de Felipe V en Almansa le abrió la puerta del Reino de Valencia, que no recuperaría su autonomía (al menos parte de ella) hasta finales del S. XX. No es de extrañar entonces que Almansa simbolice algo triste en Valencia, donde aún hoy se dice: “Quan el mal ve d'Almansa, a tots alcança”.

Si te ha interesado este post, a lo mejor te interesa este libro sobre la época. Es de los pocos editados en castellano y a la venta: "La Guerra de Sucesión de España", Joaquím Albareda, Ed. Crítica, 2010.

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