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18/3/13

CUANDO MUSSOLINI QUISO MATAR BARCELONA


En la noche del 16 de marzo de 1938 el dictador fascista Benito Mussolini envió un telegrama al general Vincenzo Velardi, el jefe de la Aviación Legionaria italiana que apoyaba a Franco en la Guerra Civil de España. El Duce italiano le ordenó “iniciar desde esta noche acción violenta sobre Barcelona con martilleo espaciado en el tiempo”. Al día siguiente dio comienzo esa “acción violenta”. Tres días de bombardeos que dejaron un saldo de entre 900 y 1.300 muertos y entre 1.500 y 2.000 heridos. Hoy, 75 años después, la Audiencia de Barcelona ha ordenado investigar estos bombardeos y a los responsables de este crimen.  

 
El 17 de enero de 1938 a las dos de la tarde, una enorme explosión hizo temblar Barcelona. Fue una explosión terrible, inmensamente destructiva, el infierno en la tierra. Una bomba italiana tirada desde un bombardeo Savoia hizo diana en un camión que transportaba explosivos. Fue un acierto inverosímil, casi imposible. El camión pasaba justo frente al cine Coliseum, en pleno centro de la ciudad, en la confluencia de la Gran Vía con la Rambla de Cataluña. Todo quedó hecho añicos.  La columna de humo alcanzó los 250 metros de altura e incluso sorprendió a los propios aviadores atacantes. Fue el colofón de la “violencia” que exigía Mussolini contra la capital catalana y, en ese momento, de la República Española.
 
Aviones italianos sueltan sus bombas.
Los ataques se realizaron con absoluta impunidad y provocaron la repulsa de los países occidentales. Por ejemplo, el entonces secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull, escribió una condena oficial en la que lamentaba que “cuando la pérdida de vidas humanas entre la población civil no combatiente es quizás mayor que nunca lo haya sido en la historia, creo que estoy hablando en nombre de todo el pueblo norteamericano cuando expreso un sentimiento de horror por todo lo sucedido en Barcelona...”. Pero esto no impidió que la masacre continuara.

 

Mussolini apoya a Franco desde el principio

Los italianos comenzaron pronto a apoyar a Franco y a los militares españoles en su golpe de Estado contra el gobierno del Frente Popular el 18 de julio de 1936, que muy pronto degeneró en una guerra civil. Las causas de este apoyo fueron muchas y variadas, pero había dos fundamentales: el anticomunismo fascista y, sobre todo, el ansia de conquistar un imperio en el Mediterráneo. Mussolini pronto envió a “voluntarios” fascistas a Mallorca donde camparon a sus anchas y crearon una base que operaba incluso de manera independiente del mando franquista. ¿Quería Mussolini quedarse con esta isla?

Consecuencias de las bombas en Barcelona.
Desde esa base balear los italianos procedieron a atacar a los barcos que llevaban suministros a los puertos mediterráneos de la República. Pero también fue utilizada como gran aeropuerto desde el cual los aviones fascistas atacaban territorio republicano. Al principio esos ataques fueron esporádicos. La guerra parecía que iba a durar poco y que Madrid, y con ella la República, iban a caer. Pero en noviembre de 1936 la capital de España resistió. Como castigo Franco y sus aliados alemanes e italianos bombardearon la ciudad. Fue la primera vez que una gran ciudad europea era atacada desde el aire con el objetivo puro y duro de aterrorizar a la población.


Los italianos participaron con sus aviones en esos ataques contra la población civil, al igual que participaron con soldados de infantería en las ofensivas franquistas. En febrero de 1937 conquistaron Málaga, provocando el terror de miles de personas que huyeron despavoridas, y en marzo de ese año fueron derrotados y humillados por el Ejército Popular republicano en Guadalajara. ¿Provocó esa humillación la ira de Mussolini? ¿Aspiraba a vengarse?


Los fascistas italianos y los nazis alemanes fueron los primeros que aplicaron el terror desde el aire contra la población civil con el consentimiento y el apoyo del mando franquista. Ese “experimento” militar adquirió nombre propio con la destrucción de Guernica en abril de 1937 por la Legión Cóndor alemana, localidad que fue barrida del mapa con bombas incendiarias diseñadas específicamente para arrasar el objetivo y provocar el terror entre la población. Un año después le tocaría el turno a Barcelona.
 

La venganza del Duce

La ciudad condal era en ese momento la sede del Gobierno de la República, que se trasladó desde Madrid primero a Valencia y después a Cataluña. Le habían seguido el paso millares de refugiados de toda la España republicana, muchos de ellos huidos de los bombardeos de Madrid, lo que hizo que la población barcelonesa se inflara hasta llegar al millón de habitantes, todo un reto logístico para aquella época.


Impactos sobre Barcelona.
Los fascistas, conscientes de esa aglomeración de sobre todo mujeres, niños y ancianos, atacaron desde el aire sin piedad. ¿Quería vengarse Mussolini de su derrota en Guadalajara? ¿Buscaba demostrar su poder militar en el Mediterráneo ante un Franco que tardaba demasiado en ganar la guerra? ¿Quería darle una lección a Hitler de que era él quien mandaba en el eje entre ambos países?


Las bombas cayeron durante toda la guerra sobre la ciudad catalana. Según los investigadores Santiago y Elisenda Albertí, autores del libro Perill de bombardeig! Barcelona sota les bombes (1936-1939,) como consecuencia de todos los bombardeos al final murieron en total unas 3.000 personas, unas 7.000 resultaron heridas, y más de 1.800 edificios fueron destruidos o dañados hasta el 25 de enero de 1939, el día del último ataque antes de la conquista de Barcelona por los franquistas.


La memoria de estos ataques sigue luchando por sobrevivir, así como el derecho a que se haga justicia. Aunque sea una acción meramente simbólica –pero no por ello menos importante- la Audiencia de Barcelonaha ordenado investigar los bombardeos ocurridos hace 75 años. Se investiga si aún queda algún responsable vivo que se pueda procesar. Probablemente no quede ninguno, pero sí permanece la vergüenza y el recuerdo por los miles de muertos que provocó ese telegrama de Mussolini que ordenó “violencia” contra unas personas indefensas.
 
 
Documental "La mutilación de Barcelona" de 1938 muestra las consecuencias de los bombradeos de hace ahora 75 años:
 
 

8/5/12

LA GUERRA CIVIL EN LA GUERRA CIVIL


Barricada en Barcelona, mayo 1937.
Hace 75 años se comenzaron a desmantelar las barricadas en Barcelona. Estos parapetos habían estado separando durante casi una semana a dos rivales que se combatieron de manera sangrienta y emanando odio como si se tratara de enemigos encarnizados. Sin embargo, el verdadero enemigo se encontraba a cientos de kilómetros de allí, seguramente que gozando con las noticias que le llegarían de la capital catalana. El 8 de mayo de 1937 se puso fin a una verdadera locura, una guerra civil dentro de la guerra civil. Los llamados sucesos de mayo.

Todo había comenzado unos días antes. El 3 de mayo de 1937 unos dos centenares de policías mandados por el Gobierno de la Generalitat procedieron a ocupar el edificio de la Telefónica en Barcelona. Este edificio estaba controlado por miembros del sindicato anarquista CNT que opusieron resistencia. Controlar este edificio no era ninguna tontería. En esa época todas las llamadas telefónicas pasaban irremediablemente por una operadora que conectaba a los interlocutores. Así pues, la CNT controlaba las llamadas que se hacían en Barcelona, y bastante más.

El Gobierno de Cataluña quiso poner fin a esta situación y, apoyado por el PSUC, sectores del PSOE y la UGT, y por Esquerra Republicana, cuyo líder Lluis Companys era el presidente de la Generalitat, mandó tomar el edificio. Fue el principio de un combate que llevaba meses fraguándose. En un abrir y cerrar de ojos aparecieron miles de fusiles y ametralladoras que habían sido escondidas y se levantaron barricadas en las calles barcelonesas. Había llegado la hora de la venganza después de meses de desencuentros.


El camino a las barricadas

Cuando comenzó el golpe de estado de los militares contra el Gobierno republicano del Frente Popular en julio de 1936, fueron sobre todo los anarquistas los que lucharon y vencieron a los golpistas en Barcelona. La CNT contaba con gran éxito y muchos militantes entre los obreros de las fábricas del textil catalán, y fueron estos anarquistas bregados en años de clandestinidad los que vencieron a los soldados del general Goded con ayuda de algunos guardias civiles leales a la República.
Anarquistas en Barcelona, julio 1936.

Al igual que ocurrió en Madrid en las mismas fechas, el golpe de Estado produjo un vacío de poder que rápidamente fue llenado por las organizaciones y sindicatos obreros que, ante el caos en el ejército –entre golpistas, leales y neutrales- se hicieron con armas para crear las milicias y luchas contra los militares.
 

En Cataluña, aunque muchos milicianos marcharon en dirección Zaragoza para luchar contra los fascistas, sin embargo otros muchos permanecieron en la capital catalana y crearon el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. Esta organización, a la que pertenecían la CNT y las fuerzas del Frente Popular, actuaba como el verdadero gobierno catalán dejando a la Generalitat sin funciones de hecho. Tenían armas, y eso era lo que contaba para imponer sus reglas. Crearon vales que sustituyó el dinero, controlaban la producción de armas y la distribución de suministros.


Además, empezaron a aplicar su objetivo de comenzar la revolución social aún mientras duraba la guerra, en franca oposición a la estrategia de comunistas y gran parte de socialistas de esperar al final del conflicto para no asustar a las democracias occidentales y conseguir su apoyo. Dentro de esta actitud revolucionaria, la CNT y el POUM, un  pequeño partido comunista no estalinista, crearon una serie de granjas y pueblos donde se colectivizaron las tierras, sobre todo en la zona de Caspe, en Aragón, y en otros muchos puntos de Cataluña. Tampoco creían en los mandos militarizados y en la integración de las milicias obreras en el Ejército Popular que se estaba organizando.
 

Por otro lado, sectores del Gobierno central –entre ellos el ministro socialista Indalecio Prieto y el PCE- pedían la recuperación del control estatal en Cataluña y su integración en la economía de guerra. Hasta ese momento la región catalana, una de las más ricas e industrializadas de España, había estado al margen del esfuerzo de guerra general por la imposibilidad de controlar a las milicias. Y por supuesto la Generalitat quería recuperar el poder que había perdido en julio de 1936 y volver a ejercer el poder efectivo desarmando a las milicias. El enfrentamiento estaba servido.


Cinco días de lucha fracticida

Fueron cinco días de tiroteos que estremecieron a toda la España republicana. Hubo incluso unidades de combate anarquistas y del POUM que trataron de abandonar sus posiciones en el frente para participar en los combates de Barcelona. Sin embargo, pronto se recuperó la cordura y el enfrentamiento cesó. Eso sí, tras dejar unos 500 muertos y un millar de heridos. Finalmente la dirección de la CNT hizo un llamamiento a sus afiliados para cesar la lucha y la llegada de un buque de la armada lleno de guardias de asalto hizo que los revolucionarios depusieran las armas.  


Guardias de asalto de la República.
Las consecuencias fueron muchas y de hondo calado. Para comenzar miles de anarquistas y militantes del POUM fueron detenidos acusados de haber participado en la revolución. Había comenzado una purga sangrienta instigada por el PCE contra los rivales del gobierno, en especial contra el POUM cuyo líder, Andreu Nin, fue detenido y asesinado por los servicios secretos soviéticos meses más tarde. El POUM fue proscrito y acusado de troskista y fascista, de colaborar con Franco.

Por otro lado, el presidente del Gobierno, el socialista y sindicalista Francisco Largo Caballero, aunque participó activamente en la supresión de las barricadas barcelonesas, también tuvo que dimitir poco después y fue sustituido por el también socialista Juan Negrín. Indalecio Prieto sería nombrado ministro de la Guerra.

Tras los sucesos de mayo la Generalitat recuperó el poder de facto en Cataluña y se suprimió el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. También en Aragón las tropas comunistas de Enrique Líster aplastaron las colectividades anarquistas en Caspe poniendo fin al poder de la CNT que, poco a poco, perdió la influencia que tenía al principio de la guerra.    

28/12/11

BARCELONA, CIUDAD FRONTERIZA


Fue un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Pero los acontecimientos de esa jornada no tenían nada de inocente. Los guerreros francos entraron solemnemente en la antigua ciudad de Barshaluna, la actual Barcelona. Se la habían arrebatado a los musulmanes después de un largo asedio y ahora volvía a pertenecer a la Cristiandad y a su emperador, Carlomagno. Pero hubo algo más. Esta ciudad recién conquistada necesitaba a un señor que la gobernase en nombre del emperador. A un conde, Bera, el primero de una larga lista de un condado que sería la semilla de Cataluña.


Ocurrió en el año 801, hace hoy 1.210 años. Debió ser cuanto menos impresionante. Miles de guerreros francos armados con lanzas y hachas, algunos con espadas y arcos desfilando por las estrechas calles de la ciudad. Una minoría iba a caballo, luciendo carísimas cotas de malla y cascos. Eran la élite de la caballería franca, el arma decisiva del imperio. A los lados de las vías una muchedumbre con el semblante preocupado observaría la escena. Una mezcla de ancianos, mujeres y niños aterrados por la suerte que correrían sus vidas después de la derrota.

Muchos eran musulmanes, convertidos al Islam tras la invasión de árabes y bereberes de la Península Ibérica 90 años antes. En el 711 un ejército musulmán desembarcó en la Bahía de Algeciras y en un ejemplo de movilidad arrasó a sus enemigos atravesando la Península de sur a norte a una velocidad récord. El antiguo orden de los visigodos se desplomó como un castillo de naipes y fue sustituido por el poder de los califas Omeyas en la distante Damasco.


Una nueva religión

El antiguo puerto romano de Barcino, llamado Barshaluna por los musulmanes, fue una de las muchísimas ciudades hispanas que cayeron sin resistencia en manos del Islam que consiguió penetrar hasta la zona llamada Septimania, hoy el sur de Francia. Los habitantes de Barcino, de origen hispanoromano, se adaptaron al nuevo orden igual que sus antepasados se adaptaron al orden visigodo. Pero esta vez adaptarse significaba abrazar una nueva religión.


Había muchas ventajas, ya que los musulmanes estaban libres de pagar ciertos impuestos que se cobraban a los fieles de las “religiones del libro” (cristianos y judíos) como los denominó el profeta Mahoma. Así pues, casi un siglo después de ser incorporada al imperio islámico, Barshaluna estaría poblada en gran parte por musulmanes. Pero ahora, de pronto, las tornas habían cambiado.


Hace 1.210 años los francos entraron en la ciudad y empujaron hacia el sur la frontera entre el Cristianismo y el Islam. Un año antes, en las navidades del año 800, el rey de los francos, el gran Carlomagno, fue coronado emperador de Occidente por el Papa en Roma. Tres siglos después de la deposición del último emperador romano, Europa occidental volvía a tener un emperador y un imperio. Y los cristianos volvían a tener un protector contra sus enemigos. Carlomagno había extendido su poder por un territorio muy extenso y su poder era inmenso. Tanto que incluso sus enemigos le pedían ayuda.


Fue el caso de los gobernantes musulmanes de Barshaluna y de las ciudades de la cuenca del Ebro que se encontraban en guerra con el nuevo emir de Córdoba, Abderramán I, descendiente de los califas omeyas que pocos años antes habían sido exterminados en su patria siria y que trataba de crear un reino propio en la lejana Al-Andalus. Estos gobernantes ofrecieron a Carlomagno sus ciudades a cambio de su protección. Así pues, un ejército franco se presentó ante Barshaluna con el ánimo de cumplir su parte del trato. Sin embargo, el gobernante musulmán se arrepintió y le siguió un largo y espantoso asedio.


La Marca Hispánica

El hambre y las enfermedades hicieron estragos, así que la ciudad se rindió. Había nacido un nuevo domino de Carlomagno que lo organizó como lo que era: una frontera militar contra los enemigos del imperio que alcanzaba hasta orillas del Llobregat. Esa frontera se llamaría marca, y como estaba en la antigua Hispania, se conocería como Marca Hispánica.

Su comandante sería un noble de origen godo llamado Bera y su premio un condado, el de Barcelona. Lo gobernó durante veinte años, hasta que, muerto Carlomagno, su hijo y nuevo emperador Ludovico Pío lo destituyó para juzgarlo por presunta deslealtad. El juicio se hizo a la antigua usanza, de la misma manera que los antiguos germanos dirimían sus enfrentamientos: mediante un duelo.


Bera perdió y fue desterrado, a pesar de que nunca había conspirado contra el emperador ni tenía intenciones independentistas, que sepamos. Sin embargo, ironía del destino, el condado de Barcelona poco a poco se fue haciendo cada vez más autónomo con sus sucesores hasta que otro conde, Wilfredo el Velloso, se independizó de facto del imperio carolignio casi un siglo después de la conquista de Barcelona.